lunes, 14 de agosto de 2017

¿Quién abría la ventana?

Relato nº III de mi trabajo titulado “La Barbera. Una burbuja en el tiempo”.

El foco del relato se localiza en la primera planta o zona noble de la mansión, en el comedor que los Aragonés utilizaban en sus comidas. La ventana que da a la Llar del Pensionista.

El primero de diciembre de 1992, tuvo lugar el entierro de Dª. Antonia, último miembro de la saga Aragonés, que había fallecido el día anterior. Después del sepelio se reunieron en la casa, D. Bernabé, cura párroco, y Pepica, guardesa de la heredad. Accedieron a todos los salones y departamentos de la zona privada o noble y cerraron ventanas y puertas con sus cerrojos y trancas. Para más seguridad, decidieron cerrar la verja metálica de la escalera que impedía el paso al primer piso, con doble cerrojo: la propia cerradura de la cancela, cuya llave la guardaría Pepica y una gruesa cadena con un buen candado, siendo el señor cura quien guardara su llave.

                                                                                         El funeral

Al día siguiente, cuando Pepica volvía de compras, desde la calle se dio cuenta que la ventana del saloncito de la chimenea estaba abierta. Llamó a D. Bernabé para comunicarle la situación, y éste le respondió que seguramente se olvidarían de cerrarla y en cuanto tuviera un momento iría.

                                                          La Barbera. Ventana del comedor de la zona noble
               
         Cuando llegó, cada uno con su respectiva llave, abrieron los cerrojos de la cancela de la escalera, accedieron al salón y cerraron la ventana con sus cerrojos y su tranca de hierro por detrás. 

                                 Aldaba similar a las que cerraban las ventanas de La Barbera

Pasó otro día y Pepica, a la vuelta de un recado, vio que la misma ventana estaba abierta. Volvió a llamar al Sr. Cura y con recelo volvieron a hacer la misma operación, no sin antes darse una vuelta por toda la mansión, para asegurarse de que no hubiera alguna abertura o conducto por el que pudiera colarse alguien. No vieron nada, todo estaba bien sellado.

                                  Caballito bicicleta infantil de los Aragonés.

A los pocos días sucedió lo mismo, repitieron lo anterior y se intercambiaron las llaves de los cerrojos de la cancela de acceso a la escalera.  
Nada. La misma ventana volvía a estar abierta, por lo que acordaron dejarla así y así estuvo años, hasta que empezaron las obras de reforma.

Mueble de La Barbera con las letras CA (Cayetano Aragonés 1866-1935. Fue el padre de los últimos Aragonés de la saga)


Estos y otros extraños sucesos, fueron los que indujeron a Pepica a acudir esa tarde de junio del año 1994 a la famosa pitonisa madrileña, cuya prestigiosa fama hacía que se desdoblara entre la capital del reino y Benidorm.

Pero los extraños incidentes siguieron sucediéndose en La Barbera.

 Se autoriza la reproducción del contenido en esta publicación, siempre que la fuente sea citada.

viernes, 28 de julio de 2017

Entre las escaleras y la despensa



Este es el relato II que forma parte de mi trabajo titulado “La Barbera. Una burbuja en el tiempo”.
Antes de reformarla en lo que hoy es, La Barbera dels Aragonés, era una casona misteriosa, oscura, con sus zonas enigmáticas. En ella se respiraba un ambiente tenebroso.
En ese lugar, durante el transcurso de los años, han ocurrido una serie de “extraños sucesos”, algunos de los cuales recojo en esta obra.

                                                                            Casona de La Barbera




Era un día del mes de enero de 1992. Pepica fue requerida por la señora Dª Antonia para que subiera a la zona noble de la mansión, a fin de encargarle unos recados. Abrió la cancela de hierro que impedía el paso por las escaleras, y se encaminó hacia el piso superior. Aproximadamente a mitad de la escalinata, sintió un escalofrío que le puso los pelos de punta y levantó la mirada que en esos momentos estaba puesta en los escalones.  Al final de la escalera estaba Don Pedro mirándola, con su delgadez y sus ciento noventa y pocos centímetros, vistiendo un traje oscuro con la camisa blanca abrochada hasta el cuello.

                                         es.creepypasta.wikia.com

Sus miradas se encontraron durante unos pocos segundos. Presa de espanto, se dio la vuelta y corrió escaleras abajo hasta su aposento.
Estuvo durante un largo momento sentada en el sofá, con la cabeza agachada y los brazos cruzados sobre su estómago. Mil cosas le pasaron por la cabeza. Cuando se percató que la señora la había solicitado, se levantó y volvió a subir por las escaleras, aunque con cierto recelo, despacio y mirando a lo alto.
Cuando llegó al final de las escaleras, frente a la puerta del salón, oyó que Dª Antonia estaba conversando con alguien:
─No debías haberlo hecho. Aquí, en esta parte de la casa es donde debes estar. ─Una voz masculina respondía─ Ya, pero echo de menos algunas cosas y a veces el límite se disuelve. Siempre he tenido dudas, pero ahora lo tengo todo muy claro.
Pepica no sabía cómo reaccionar, ya que allí, junto a la señora, había alguien más y ella no se había enterado de la visita. Parte de su trabajo era comunicar las visitas a la señora y en caso afirmativo autorizar las entradas.

                                                  elpincheblog.com

¡Bueno! ─Pensó─ Sea lo que fuere tengo que presentarme, ya que he sido requerida y es mi obligación.
Llamó a la puerta y pidió permiso. Le fue concedido, entró y… ¡allí sólo estaba la señora! Recibió instrucciones y siguió con su trabajo, aunque durante todo el día, de su cabeza no se le fue la idea de que la persona que hablaba con la señora era su hermano, Don Pedro.
Todo podría parecer normal, si no fuera porque Don Pedro había fallecido cuatro meses antes.
Pasaron unos meses y a primeras horas de una tarde de mediados del mes de septiembre, Pepica, subida a una silla, estaba limpiando los utensilios y cacharros de la despensa, cuando de súbito, notó, como una fría corriente de aire en sus espaldas y al mismo tiempo, la repentina impresión de que Don Pedro estaba detrás de ella. 

                                   Valle de las Uvas Aspe Noticias

Se giró bruscamente y apenas pudo ver cómo el señor salía de la estancia. En su nerviosismo, al saltar de la silla, su mano rozó uno de los enseres, provocándole un corte que la tuvo unos segundos preocupada por la poca sangre que le brotaba, e inmediatamente fue detrás del señor. Atravesó el portal entre la despensa y la sala de costura, pero no vio a nadie. Con recelo recorrió las demás estancias de la casa y advirtió que se encontraba sola, ya que la señora había salido a una visita.
Cuando regresaba para terminar el trabajo de limpieza, oyó cómo la mecedora de la sala de costura se mecía y con paso ligero se apresuró hasta allí. Se quedó estática, con los brazos caídos y con los ojos fijos en la mecedora. No había nadie pero… ¡se estaba meciendo! Inconmovible y tranquila esperó un par de minutos a que parase el movimiento, pero no, seguía con su vaivén, como si alguien estuviera sentado en ella, aunque nadie se veía allí, por lo que decidió ir a curarse la herida y continuar con su tarea. 

                                                           Artesanum

A pesar de no ver la cara del personaje que vio salir de la despensa, ella afirmó que era D. Pedro y tenía que ser así porque en algunos recintos y salas de la mansión, sobre todo, las zonas nobles (exclusivas de los miembros de la familia Aragonés), jamás accedía nadie y menos varón que no fuera de la familia. También hay que aclarar que la despensa no tiene ventanas ni aberturas al exterior, pero si comunica con la que fue habitación de D. Pedro.


Se autoriza la reproducción del contenido en esta publicación, siempre que la fuente sea citada.


domingo, 16 de julio de 2017

Voluntariado Cultural de Vilamuseu


Este artículo ha sido publicado en la Revista Oficial de Fiestas de Moros y Cristianos 2017 de la Asociación Santa Marta de Villajoyosa, en su apartado "Paraules d'Història".


Estoy plenamente convencido, de que la mayoría de ciudadanos, desconocen el trabajo que realizan los profesionales de la arqueología. Muchas son las labores de estos técnicos. Pero no es el asunto ni el motivo de este escrito, aunque sí sería interesante que alguno de ellos, en alguna ocasión, nos explicara cuales son y en qué consisten todas las tareas que realizan en una excavación, e incluso después de ella. Muchos de ustedes se sorprenderían al conocer lo variado y las múltiples fases por la que tienen que pasar sus trabajos.
Afortunadamente, en Villajoyosa, los distintos departamentos de Vilamuseu, disponen de una serie de personas voluntarias que les ayudan en algunas de sus tareas, contribuyendo a que algunos trabajos se realicen con un poco más de celeridad.

                                                  Ánfora del pecio Bou Ferrer, preparada para limpiar su interior

Tengo la suerte de encontrarme entre esos voluntarios y como contraprestación a mis ayudas, recibo una gran dosis de cultura y conocimientos, por lo que me siento un privilegiado al conocer, casi de primera mano, mucha de la historia de Alonís, Allon o Vila Joiosa.

El voluntario de Vilamuseu hace lo que puede o lo que quiere, siempre bajo la supervisión y la ayuda de los profesionales o técnicos.

                  El voluntario Xente Maciá, extrayendo material del interior de una ánfora romana

En multitud de ocasiones, me han preguntado con interés, por el trabajo que como tal, realizo. Xe! i tu qué fas en el museu?

Pues ahí va una relación de cosas que, como voluntario, he hecho a lo largo de más de una década:

De peón de arqueología en algunas excavaciones, también he utilizado la escobilla y el paletín en alguna excavación, bajo la atenta mirada de los técnicos. He ayudado a la restauradora a rescatar miles de trocitos de estucos pintados de antiguas paredes de algunas villas romanas (la famosa garceta), también en el rescate de algún que otro graffiti histórico. 

                                              Ayudando a la restauradora a recuperar unos estucos romanos

He limpiado con un diminuto cepillo millares de piezas de cerámica (hasta una calavera). He cribado la tierra mezclada con cenizas y restos provenientes de urnas funerarias ibéricas o kálatos. He ayudado en varios momentos relacionados con los lingotes de plomo y las ánforas del pecio Bou Ferrer (sacar de las jaulas las piezas que los arqueólogos sub-acuáticos depositan en ellas para llevarlas a la superficie), transportarlas al museo, ponerlas en las piscinas, vaciar su contenido y cribarlo, etc. He documentado papeles y manuscritos. He hecho muchos Km., pateándome casi todo el término municipal, con la cámara al cuello, con el fin de intentar averiguar o descubrir cualquier cosa y ponerlo inmediatamente en conocimiento del director de Vilamuseu. He localizado algunas cosas muy interesantes, como un trozo de la lápida que formó parte de la sepultura de un vilero que vivió en el siglo XI (aunque La Vila aún no existía), al parecer, en la porción de lápida se puede leer el año del enterramiento que es el 398  de la Hégira, que corresponde, aproximadamente, al 1.020 de nuestra era. 

                                                                    Parte de una lápida árabe del siglo XI.

He colaborado en la difusión y enseñanza, en los colegios e institutos de Villajoyosa, de cosas históricas muy ligadas a Allon. He hecho algún papel divulgativo en grabaciones, de momentos históricos y emotivos de nuestra ciudad y que forman parte del patrimonio inmaterial. He teatralizado, públicamente, a un importante personaje de Allon. Hasta he tenido que escalar un lugar inaccesible para cualquier persona “normal”, por supuesto, acompañado de otras personas especialistas y con el material adecuado para ello. Etc. etc.


                                                  Divulgando nuestra historia en los colegios de Villajoyosa

Personalmente, como voluntario cultural de Vilamuseu, no he tenido tiempo de aburrirme y agradezco a los profesionales, técnicos, funcionarios y compañeras/os voluntarios, el trato que siempre me han dispensado. Especialmente a su director, Antonio Espinosa, que ha contribuido en gran manera a que durante todo este tiempo como voluntario, me enriqueciera con los conocimientos que me ha ido aportando, gracias a esa relación, he conocido y tratado con muchas personalidades especialistas en historia, y de todos ellos he ido aprendiendo, no solo sobre nuestro pasado, también a observar, reconocer y averiguar quiénes somos y porqué estamos aquí.

                                                     Una muela entre los restos de una hurna funeraria ibérica

Se autoriza la reproducción de la información contenida en esta publicación, siempre que la fuente sea citada.