lunes, 4 de septiembre de 2017

Viviendo con alguien que no ves.

Los relatos II y III de “La Barbera. Una burbuja en el tiempo”, acaecidos en el año 1992, solo fueron dos de una serie de “extraños sucesos” que llevaron a Pepica, a mediados del año 1994, a visitar a una “médium”, con el fin de averiguar qué eran y porqué se producían.

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Mucho tiempo estuvo Pepica sintiendo que estaba entre algo o alguien, pero no sabía qué. Vivía entre ruidos, murmullos, pasos, cosas que no tenían explicación. Lo oía y lo sentía, pero no podía verlo, por ello, decidió visitar a una vidente.
Solo dos palabras salieron de los labios de Pepica y pocas de los de la vidente, pero al menos le dejaron con una “relativa tranquilidad” que le permitió vivir allí, confiada y con normalidad.

                                                                              Casona de La Barbera.

Relato nº I de mi trabajo titulado “La Barbera. Una burbuja en el tiempo”.

Una tarde del mes de junio de 1994.
─Señora, puede pasar.
Pepica entra en la sala y con sólo un «buenas tardes», se sienta en la silla frente a la mesa de la vidente. En su mano lleva una fotografía que entrega a la sibila sin adjuntar gesto o palabra alguna.

                                       De la página, Conselheira amorosa

Con los ojos como platos, observa todas las muecas y expresiones de la vidente, que además oprime la foto entre las palmas de sus manos.
─ ¡Oh! ¡Ah! ─ así un par de minutos con los ojos cerrados.
Cuando abre los ojos, devuelve a Pepica la fotografía y con dilatada tranquilidad le manifiesta:
─Esta casa ha sido siempre de una familia muy rica, pero sobre todo poderosa. En sus estancias se han adoptado y resuelto muchas cosas que han decidido el devenir de acontecimientos, tanto para el pueblo en general como para personas en particular. Incluso la gestación de alguna muerte. Tú, ─dirigiéndose a Pepica─ vienes a mí porque has oído, sentido y hasta visto cosas en esa mansión que te han inquietado, pero debes estar tranquila porque no te harán ningún daño, es más, a pesar de que eres una persona temerosa y asustadiza, no has sentido miedo ni lo vas a sentir. No estás sola en esa casa, siempre vas acompañada de un ser que te protege, aunque tú no lo ves. Contigo viven algunos miembros de la familia que habitaron esa mansión. Están todos muertos, pero ellos no lo saben y continúan, a su manera, morando por sus estancias. Aunque a veces sientas o veas algo, no te preocupes porque ellos viven su vida en otro mundo y no te harán nada.

                              Fotografías espirituales del siglo XIX. obviousmag.org

Pepica cogió la fotografía y salió de la habitación con destino a su residencia. La fotografía que enseñó a la pitonisa era la de su propio domicilio, “La Barbera dels Aragonés”.
La decisión de visitar a la vidente no fue tomada a la ligera. Hacía meses, incluso años, que por la cabeza de Pepica rondaba esa idea.

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